Entre cubos de gases deambulaba quien su Yo perdía por dividido. Sin estar mutilado, lo desgarraba su inquietud; estando percibiendo por dentro y fuera suyo, cada opción a decidir lo hacía dudar por el doble.
Cada elección era una victoria de un solo Yo, de un solo hombre vislumbrando su desgracia múltiple.
Rectángulos negros con volumetría corpórea habían atravesado el torso del que moraba en la atmósfera geométrica. Rectángulos y cubos habían hecho del entorno un sitio lineal y plano, aunque con perspectiva. Eran puntos de fuga a los que él atestiguaba multiplicados e infames, al no serle posible un único examen de su percepción.
Cuando no reposaba, caminaba. Pero nunca fuera de su recinto. Y cuando no caminaba, escalaba; aunque no hasta la atmósfera triangular de las alturas, ni descendía jamás hasta la circular. Ahí, círculos de plana invariabilidad terca hacían ofuscar a cualquiera.
Entre negros y grises cubos había notado a otro dentro de él. Otro que bien podría hacer de él, un él dual, doble; porque se había advertido como si conviviese junto a ese otro. Y hasta había reconocido similitudes de reacción ante estímulos demasiado propios. Entonces lo había visto como otro Él dentro suyo, como otro Yo.
Temía. No lo veía adecuado, sino que presenciaba cada instante desde dos ópticas haciéndolo cavilar más de lo aconsejable, más de lo previsto. Y esta rareza lo había incomodado y hecho padecer una dualidad de remordimientos, aunque asimismo de gracias.
Gases opacos entre cubos y rectángulos lo ceñían ingrato por el imprevisto.
...continuará.


























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