Arroja seis dados hacia una distancia exacta. Conoce la extensión del recorrido, el viento por atravesar y el final. Expulsa seis objetos, seis elementos hacia un desenlace de cubos. Sabe que del total sólo uno quedará.
Desde que habían comenzado a andar, sus sendas no se habían cruzado. Avanzaban desde diferentes puntos estos hombres. Se adentraban en sus caminos como si hubieran sido precipitados mediante un impulso estremecedor. Porque no habían caminado. No. Habían corrido desde el inicio hacia el frente.
Cuando atravesaban blandas nieblas, un suelo, un techo y un alrededor blanco los encubrían. Por doquier reinaba la claridad que hubiera hecho temer a la noche, que le hubiese quitado esa ofensa haciéndole ocultar hasta a las sombras su negra luz.
Aunque para todos ellos el espacio se les había presentado blanco, una silueta los esperaba delante. Era una figura, una para cada uno. Era el destino de todas las corridas.
Ante cada avance, veían que iban justo a encastrarse en las siluetas. Porque disponían de la misma concavidad para que se amoldaran.
Cuando llegan se entierran como si cada una fuese una sepultura esperándolos. Ocupan los lados de un cubo, de un cuerpo volumétrico. De los seis dados arrojados uno solo queda, el más amplio, el universal para arbitrio del jugador, del único.
Desde que habían comenzado a andar, sus sendas no se habían cruzado. Avanzaban desde diferentes puntos estos hombres. Se adentraban en sus caminos como si hubieran sido precipitados mediante un impulso estremecedor. Porque no habían caminado. No. Habían corrido desde el inicio hacia el frente.
Cuando atravesaban blandas nieblas, un suelo, un techo y un alrededor blanco los encubrían. Por doquier reinaba la claridad que hubiera hecho temer a la noche, que le hubiese quitado esa ofensa haciéndole ocultar hasta a las sombras su negra luz.
Aunque para todos ellos el espacio se les había presentado blanco, una silueta los esperaba delante. Era una figura, una para cada uno. Era el destino de todas las corridas.
Ante cada avance, veían que iban justo a encastrarse en las siluetas. Porque disponían de la misma concavidad para que se amoldaran.
Cuando llegan se entierran como si cada una fuese una sepultura esperándolos. Ocupan los lados de un cubo, de un cuerpo volumétrico. De los seis dados arrojados uno solo queda, el más amplio, el universal para arbitrio del jugador, del único.


























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