Cada grieta viva, calcinando la verborragia de las transmisiones, aún no había aparecido. Y mientras, un disco se acercaba. Deteniéndose junto a la esfera y dividido en tres partes, parecía acompañarla. Hacía, protagonizaba un conformismo fértil aquello que los tres colores secundarios acarreaba.
En la densidad del llano vacío la esfera y el disco habían estrechado distancias para verse, y se comprendían. Los seis ojos no pestañeaban, tres de cada presidio observaban como si ni quisieran insinuar algún intercambio o contacto.
Ya dos cuerpos, ya seis colores podían distinguirse entre lo no oscuro, lo no claro, entre la indiferencia cósmica. Ya los inefables elementos presentes se suspendían para la contemplación exhausta cuando a los colores miraban. Todo cuerpo, vivo o muerto, todo ente contorneando a los seis colores no dejaba de alejarse simpático tras la observancia. Ya vieran uno o todos, ya aprendiesen cuáles darían tonos al futuro creado era suficiente obsequio para cualquiera.
En la espesura del pleno vacío se habían conocido como si un cónclave, como si un proverbial encuentro fuese. Se habían presentado entre ellos sabiendo cada uno el puesto y labor designados.
En la densa espesura del vacío los plenos llanos habían comenzado a vibrar, a presentir una modificación.
Enteros y sin grietas, ambos habían rondado como si estuvieran relevando el mapa donde irían deparados sin estrategia alguna. Enteros, sin grietas: aún incomunicados.
…continuará.
En la densidad del llano vacío la esfera y el disco habían estrechado distancias para verse, y se comprendían. Los seis ojos no pestañeaban, tres de cada presidio observaban como si ni quisieran insinuar algún intercambio o contacto.
Ya dos cuerpos, ya seis colores podían distinguirse entre lo no oscuro, lo no claro, entre la indiferencia cósmica. Ya los inefables elementos presentes se suspendían para la contemplación exhausta cuando a los colores miraban. Todo cuerpo, vivo o muerto, todo ente contorneando a los seis colores no dejaba de alejarse simpático tras la observancia. Ya vieran uno o todos, ya aprendiesen cuáles darían tonos al futuro creado era suficiente obsequio para cualquiera.
En la espesura del pleno vacío se habían conocido como si un cónclave, como si un proverbial encuentro fuese. Se habían presentado entre ellos sabiendo cada uno el puesto y labor designados.
En la densa espesura del vacío los plenos llanos habían comenzado a vibrar, a presentir una modificación.
Enteros y sin grietas, ambos habían rondado como si estuvieran relevando el mapa donde irían deparados sin estrategia alguna. Enteros, sin grietas: aún incomunicados.
…continuará.


























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